Habitar o espazo
- escola imaxinada

- 31 mar
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 1 abr
Que espazo precisamos para vivir? Canto ocupamos? Como se mide o que non sempre é visible: o coidado, a proximidade, o habitar? Estas preguntas foron o punto de partida deste microproxecto desenvolvido na aula de Educación Visual e Plástica, en diálogo co traballo previo da Cidade dos Coidados. Un proceso que entende a arquitectura como unha ferramenta educativa transversal para pensar e participar na construción do noso entorno.
O primeiro achegamento foi a través da construción de pequenos refuxios para monicreques. A escala reducida permitiunos pensar o espazo desde o corpo e desde as necesidades básicas, explorando ideas de protección, intimidade e encontro. Estes refuxios funcionaron como pequenas hipóteses sobre como habitar, e a través deles o alumnado experimentou co volume, co equilibrio e coa estrutura, entendendo o proceso como un lugar de aprendizaxe onde probar, errar e reconstruír formaba parte esencial.

Nun segundo momento, o traballo desprazouse cara á representación en planta do “noso refuxio”, introducindo a pregunta sobre como medimos o espazo que habitamos. Inspirándonos en propostas como Le Cabanon de Le Corbusier ou nas experiencias de Reggio Emilia recollidas en Zapato e metro, traballamos a medida desde o corpo e o movemento, aproximándonos ao concepto de medida e número desde a experiencia directa do alumnado co espazo que habita.
Na vida cotiá, estamos sempre en contacto con situacións que implican medir —cando comparamos tamaños, contamos pasos ou organizamos obxectos e mobiliario— e estas experiencias están profundamente ligadas a aspectos xeométricos e aritméticos. Sen embargo, ao trasladar estas vivencias ao traballo sobre os refuxios, a medida deixou de ser só unha ferramenta técnica para converterse nunha forma de comprender o mundo, relacionando o corpo, os obxectos e o espazo, e atopando sentido aos conceptos de número e proporción desde a práctica e a exploración. Así, medimos, comparamos e finalmente representamos, comprendendo a planta como unha tradución do vivido ao debuxado.
A incorporación do mobiliario permitiu seguir profundando na relación entre corpo e espazo, preguntándonos canto ocupamos e que precisamos realmente para vivir. As decisións sobre que incluír, como organizar e que priorizar converteron o deseño nun exercicio de reflexión sobre o esencial, conectando a práctica artística cunha mirada crítica sobre o habitar.


Este microproxecto propón, en definitiva, entender a arquitectura como unha forma de pensar o mundo e de situarnos nel. Entre cartóns, regras e debuxos, o alumnado abriu preguntas sobre a convivencia e o dereito a habitar, entendendo que medir, debuxar e deseñar son tamén formas de comprender e transformar a nosa contorna.
Microproyecto: Habitar el espacio
¿Qué espacio necesitamos para vivir? ¿Cuánto ocupamos? ¿Cómo se mide lo que no siempre es visible: el cuidado, la proximidad, el habitar? Estas preguntas fueron el punto de partida de este microproyecto desarrollado en el aula de Educación Visual y Plástica, en diálogo con el trabajo previo de la Ciudad de los Cuidados. Un proceso que entiende la arquitectura como una herramienta educativa transversal para pensar y participar en la construcción de nuestro entorno.
El primer acercamiento fue a través de la construcción de pequeños refugios para títeres. La escala reducida nos permitió pensar el espacio desde el cuerpo y desde las necesidades básicas, explorando ideas de protección, intimidad y encuentro. Estos refugios funcionaron como pequeñas hipótesis sobre cómo habitar, y a través de ellos el alumnado experimentó con el volumen, el equilibrio y la estructura, entendiendo el proceso como un lugar de aprendizaje donde probar, equivocarse y reconstruir formaba parte esencial.

En un segundo momento, el trabajo se desplazó hacia la representación en planta de “nuestro refugio”, introduciendo la pregunta sobre cómo medimos el espacio que habitamos. Inspirándonos en propuestas como Le Cabanon de Le Corbusier o en las experiencias de Reggio Emilia recogidas en Zapato y metro, trabajamos la medida desde el cuerpo y el movimiento, aproximándonos al concepto de medida y número desde la experiencia directa del alumnado con el espacio que habita.
En la vida cotidiana estamos constantemente en contacto con situaciones que implican medir —cuando comparamos tamaños, contamos pasos u organizamos objetos y mobiliario— y estas experiencias están profundamente vinculadas a aspectos geométricos y aritméticos. Sin embargo, al trasladar estas vivencias al trabajo sobre los refugios, la medida dejó de ser solo una herramienta técnica para convertirse en una forma de comprender el mundo, relacionando el cuerpo, los objetos y el espacio, y encontrando sentido a los conceptos de número y proporción desde la práctica y la exploración. Así, medimos, comparamos y finalmente representamos, comprendiendo la planta como una traducción de lo vivido a lo dibujado.
La incorporación del mobiliario permitió seguir profundizando en la relación entre cuerpo y espacio, preguntándonos cuánto ocupamos y qué necesitamos realmente para vivir. Las decisiones sobre qué incluir, cómo organizar y qué priorizar convirtieron el diseño en un ejercicio de reflexión sobre lo esencial, conectando la práctica artística con una mirada crítica sobre el habitar.


Este microproyecto propone, en definitiva, entender la arquitectura como una forma de pensar el mundo y de situarnos en él. Entre cartones, reglas y dibujos, el alumnado abrió preguntas sobre la convivencia y el derecho a habitar, entendiendo que medir, dibujar y diseñar son también formas de comprender y transformar nuestro entorno.










Comentarios